Agronoticias

REFLEXIONES:  BANCO DE VALORES*
por Dr. Manuel Enrique Nolte Maldonado
Director y Representante en el Perú de Dexcel (www.dexcel.org)
Agosto 2004

En la revista Etecé N° 157 del 1 de Agosto pasado, leí y me apliqué una inteligente encuesta planteada a una diversidad de personajes de variadas condiciones educacionales y laborales, sobre lo que más les gusta y les molesta del Perú, y sobre lo que creen que habría que hacer para que el país mejore.

La pregunta más difícil hoy, es sobre lo que más agrada. Pero sin chauvinismos ridículos ni paraísos delirantes. Pensé en otra visita que hice una semana atrás, a una comunidad de retornantes que fueron expulsados por la horrorosa violencia política. Aunque la anterior AGRONOTICIAS traté algo similar, en este sitio hallé nuevos y más intensos ingredientes.

Era la comunidad "Nueva Jerusalén" (distrito de Anco, La Mar), cerca a Sacharaccay, un pueblito donde habíamos pernoctado en una casa-grifo rodeados de gasolina y petróleo, aunque sin mayores riesgos porque allí no puede haber corto circuito: no hay electricidad.

El nombre de Nueva Jerusalén ya es en sí mismo un mensaje de muy intensa y elevada esperanza, como se desprende de las promesas hechas en el libro de La Revelación, último del Nuevo Testamento. Llegamos después de una caminata que me pareció interminable y peligrosa, por los estrechísimos senderos que debimos andar con una pared casi vertical aun lado y la nada al otro, por el abismo cuyo fondo apenas si divisaba. Ningún tropezón estaba permitido, a menos que fuera, literalmente, el final.

Jadeando todavía y con un pie anegado por pisar un asolapado humedal del fondo de la quebrada, escuché a los líderes convocando a reunión. Surgieron del paisaje unos veintitantos varones que silenciosamente se formaron en filas, con una disciplina militar que evidencia bastante las preocupaciones que todavía los marcan. A mí y a los cuatro esforzados profesionales del CEDAP que me guiaron hasta allí, Heraclio, Lucy, Janet y Ascenciona (ingeniero, antropóloga, comunicadora y enfermera) nos asignaron un terraplén al frente de ellos, casi metro y medio sobre el piso en que estaban parados. A varios metros, alejadas pero atentas, estaban las mujeres, mientras que los niños jugaban una vez superadas las iniciales curiosidades y temores.

Se me sublevaron los sentimientos. Mi amigo Heraclio se dio cuenta y me comentó que "se me salía la aorta". Fue uno de esos momentos en el que la peruanidad se agita admirada por los testimonios de quienes la alimentan con su sangre y su sudor, guardándose las lágrimas, como quien hace el más austero uso de las aguas. Las ubicaciones y posturas que se habían creado con el protocolo, no podían ser más opuestas a la realidad. Así que les pedí que trocásemos de lugar, simbolizándola mejor. "A Ustedes venimos a servir" dije, carraspeando para disimular la voz quebrantada. También pedí, con éxito, que las mujeres ocuparan los espacios de igualdad que sus propios méritos les dan.

Nos explicaron sus actividades recientes, sus sueños y proyectos: Mejorar los pastos y bofedales con cercos y rotación; manejar técnicamente sus ovinos y vacunos para liquidar la alicuya; instalar una piscigranja truchera en la lagunita que los espera en las alturas; mejorar sus cultivos, etc. Después nos mostraron sus viviendas, organizadas con un nuevo orden; las plantas medicinales que ahora usan con renovado interés para curar sus propios males y los de sus animales; las cocinas a fogón cerrado, que les ahorran leña cada día (unos seis árboles por año) y que les han permitido recuperar la desinflamación para sus ojos y silenciar la tos que el humo causaba.

Sentí una vez más, el privilegio de estar cerca de gente con tanta energía y con tantos valores. Aunque no los puedan (o no quieran) convertir en abstracción ni en motivo de jactancia. Volvieron desde sabe Dios qué destinos lejanos y urbanos, al seno de sus pagos y comarcas; y entraron con el mayor entusiasmo a un concurso que les resultaba, desde el nombre, muy suyo (del que ya traté en la edición anterior de AGRONOTICIAS y al que me remito).

La irrupción de algún arrebato emocional en mi trabajo técnico sobre el desarrollo, aunque no sea frecuente, debo leerla y no reprimirla. En tanto permita colocar la necesaria cuota de cercanía, sensibilidad y de flexibilidad para admitir como digno de análisis, todo aquello que no comprendo. Lo contrario precisamente es parte del choque de la interculturalidad, que expresa incapacidad de entender los comportamientos colectivos que aquellos que ven el mundo y el cosmos con otros prismas que los míos.

Pienso en ese famoso "tengo el orgullo de ser peruano ...". Hay que descomponerlo para encontrar que se ha cambiado la dirección del orgullo y hasta se ha escogido erróneamente la palabra.  Orgullo se ha trocado de defecto, en valor.  Cualquier diccionario lo ubica entre los comportamientos indeseables del ser humano. En el Coliseo Deportivo de mi colegio había un letrero bien grande que decía: "Ganar sin Orgullo, Perder sin Rencor". Pero lo tomaré en este caso como sinónimo de "alegría". ¿Me puedo sentir alegre de ser peruano? Sí, PERO ...

¿Me puedo sentir Orgulloso de ser Peruano? En realidad no, hasta que yo mismo haya hecho algo, o mucho, y cada día, por el Perú, que me recibe con su geografía y su historia, su pueblo, sus riquezas y carencias; que me da un espacio de desarrollo personal. Digamos que el Perú, que es el Progenitor de su pueblo, puede estar orgulloso de Miguel Grau, de Daniel Carrión, de Jorge Basadre, de Susana Baca, de Lucha Fuentes... De muchos conocidos y anónimos, como Juan Pueblo o el Soldado Desconocido, o esos miles de héroes civiles, de los que han muerto en la batalla pero también de los que dan su vida cada día, luchando por hacer prevalecer los valores, por alimentar y educar a sus hijos.

Esas personas, mujeres y varones me recibieron en Nueva Jerusalén y me dieron la vital confianza de que en lo más profundo de las entrañas de nuestra tierra, hay quienes la aman lo suficiente, la acarician cada día y siguen apostando por ella.  Esos que son para muchos la última escala social, pero que son, probadamente, el banco donde se conservan las mayores riquezas de la Patria.

(*reproducido con permiso del autor)

  

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